ALTITUDES

Desde que era niño me he sentido atraído por los sitios salvajes, remotos, de difícil acceso. Los Pirineos, a apenas dos horas de casa, se convirtieron en patio de recreo donde recrearme en esa fascinación. Ahí, las fuerzas imparables de la Tierra han plegado rocas sobre sí mismas, las han tallado y erosionado al paso de antiguos glaciares y han creado paisajes que parecen de otro mundo.
En el Pirineo Central se encuentran algunas de las cimas más elevadas de la Península. Varias de ellas, por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar, atraen multitud de deportistas decididos a conquistarlas. Para salvar los riesgos que entrañan sus ascensiones se han trazado caminos, marcado hitos, construido estructuras que sirven de refugio.

A pesar de todo ello, se trata de zonas de alta montaña: lugares indómitos, indomables, en los que lo humano se siente diminuto, ajeno y fuera de lugar